Cuando el tanque de gasolina está vacío, la hipoteca vencida o su cónyuge se acaba de quedar sin trabajo, es natural salir a buscar en todos lados el efectivo necesario para mantener su situación financiera. Es entonces cuando echar mano a los ahorros para la jubilación se puede tornar cada vez más tentador; especialmente, cuando ello resulta tan fácil como introducir una tarjeta en el cajero automático. Y eso es exactamente lo que le permitirá hacer la tarjeta de débito del plan 401(k).
Pero no sin alguna controversia.
En las últimas semanas, los supervisores del sector financiero han advertido al consumidor que usar la tarjeta de débito puede resultar en pagar cargos excesivos, utilizar los ahorros para la jubilación en gastos superfluos y vaciar cuentas cuyo objeto es conformar un fondo de ahorro para la jubilación. El Comité Especial del Senado de EE. UU. para la Vejez también ha discutido el asunto en sus sesiones, y dos senadores han presentado proyectos de ley para prohibir que los empleadores ofrezcan las tarjetas a empleados que tengan cuentas 401(k).
Pero ¿por qué semejante reacción contra este particular modo de pedir dinero en los fondos de su 401(k) cuando existe inestabilidad económica, los bancos están restringiendo el crédito y el valor neto de las viviendas está decayendo con rapidez?
“Es una forma de poner en peligro su jubilación —expresa Roberto Baerga, presidente del Consumer Credit Counseling Service (Servicio de Asesoramiento de Crédito para el Consumidor) de Puerto Rico—. No estoy de acuerdo en usar una tarjeta que vaya a permitir a la gente retirar dinero cuando quiera”.
Y Yanira Cruz, presidente y directora ejecutiva del Consejo Nacional Hispano sobre Envejecimiento, señaló que algunos hispanos puede que no entiendan bien las consecuencias a largo plazo de utilizar la tarjeta. “Es muy tentador, para una persona de 40 años, retirar dinero de una 401(k) para cubrir una necesidad inmediata, sin pensar en las consecuencias que ello tendrá 10, 15 o 20 años más adelante”.
Pam y Steve Villarreal, de Plano, Texas, saben todo esto demasiado bien. Hace unos 15 años, la pareja, ahora en sus 40 años, tomó un préstamo de $6.000, a dos años, de su cuenta 401(k), para realizar el pago inicial de una vivienda. Ahora, analizando retrospectivamente su decisión, ellos desearían haber “esperado un par de años y ahorrado ese dinero en lugar de haberlo pedido prestado”, dice Pam.
Ellos se dieron cuenta de que, mientras estuvieron devolviendo ese dinero, perdieron tanto los retornos (intereses) sobre el monto del préstamo como también, debido a que su plan no les permitió realizar aportes a su cuenta hasta que terminaran de saldarlo, el impuesto diferido correspondiente a los aportes normales del plan 401(k). Además, “si tiene el aporte proporcional [de su empleador], perderá más —dice Pam—. Su empleador no va a aportar una suma proporcional a la cuota de su préstamo”.
Casi el 90% de los planes 401(k) permiten a los empleados tomar préstamos sobre dichos planes, según Profit-Sharing Council of America. Por tradición, los montos prestados deben devolverse nuevamente a la cuenta, con intereses, en cinco años y por deducción de nómina. El monto máximo que puede solicitar el empleado es $50.000 o la mitad de los ahorros generados en la cuenta 401(k), el que sea menor. El empleador puede limitar el uso de los fondos a, por ejemplo, emergencias, como una crisis de salud o para evitar un desalojo.
Las tarjetas de débito asociadas a las cuentas 401(k), presentadas en 2003, ofrecen una alternativa más sencilla a los tradicionales préstamos otorgados sobre estas cuentas. The Reserve, la compañía con sede en Nueva York que emite la tarjeta de débito ReservePlus, la desarrolló como una herramienta más eficiente para que los empleadores “automatizaran” los préstamos 401(k) a sus empleados. “Con los préstamos 401(k) tradicionales, los prestatarios reciben el dinero en un único pago. Por lo general, la gente usa todo ese dinero y es típico que saquen más del que necesitan”, dice el presidente de The Reserve, Bruce Bent II. The Reserve no proporcionó información sobre la cantidad de empleadores que ofrecen las tarjetas en sus planes 401(k) ni la cantidad de personas que hoy tienen las tarjetas.
Una vez establecido el programa de tarjeta de débito, el empleado solicita una suma específica —por ejemplo, $5.000— para que se encuentre disponible en la cuenta. Basado en la política de préstamos del plan, que determina qué fuentes de financiación se encuentran disponibles para préstamos y el orden en el que los fondos de inversión serán liquidados, el administrador del plan de la compañía mueve el dinero de otras inversiones a un fondo del mercado de dinero, donde permanecerá hasta que el empleado utilice la tarjeta de débito para realizar una extracción de un cajero automático o una compra.
Bastante fácil; pero la facilidad tiene un precio. Los cargos asociados a la tarjeta de débito incluyen un costo por establecer el programa de $75, un costo de servicio que en promedio es del 2,9% e intereses, cuya tasa generalmente es la preferencial (prime rate) (que actualmente es del 4%) más el uno por ciento. Por cada extracción de cajero automático se abona una tarifa de $2.
Christian Weller y Virginia Graves, investigadores de la organización sin fines de lucro Center for American Progress, de Washington, D.C., calculan que, debido a los elevados cargos, un préstamo a cinco años obtenido a través de una tarjeta de débito “cuesta, a la larga, cerca de $425 más que un préstamo 401(k) convencional”.
No obstante, y más allá de los costos directos, los especialistas concuerdan en que la gente necesitada de dinero no debe olvidar por qué tiene una 401(k): para ahorrar para la jubilación.