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| Ilustración: Eric Palma |
Alimentos para la vida
Cambiar su dieta al envejecer puede ayudarlo a verse y sentirse mejor, y prevenir ciertas enfermedades.
Por Brenda Duran
verano 2009
Cuando Miguel Zuniga era joven, la dieta no figuraba en su lista de prioridades. Por años, prefirió los tacos de carne asada y los alimentos fritos de su México natal. Zuniga, de 88 años, de Los Ángeles, declara: “Comía de todo”.
No fue sino hasta que tuvo casi 50 años, luego de tener síntomas de una cardiopatía —la misma afección que cobró la vida de su madre y de otros familiares—, que empezó a cambiar su dieta. Lentamente, se convirtió en vegetariano, dejando la carne, el pescado y las aves. “Fue difícil cambiar —afirma—. Pero me sentí mejor. Me ayudó a continuar con mi vida.” Hoy, prefiere frutas, batidos de soja y vegetales, y atribuye su longevidad y buena salud a su nueva dieta.
Al igual que Zuniga, muchos latinos están modificando sus dietas a medida que se hacen mayores. Algunos lo hacen para sentirse mejor; otros, por orden médica, para controlar desde la intolerancia a la lactosa, la diabetes, una cardiopatía y la presión alta, hasta la artritis, osteoporosis o la enfermedad de Alzheimer, afecciones que golpean con más fuerza a las personas de más de 50 años.
Decidirse por las verduras A menudo, el Dr. Neal D. Barnard, fundador y presidente del Physicians Committee for Responsible Medicine, sugiere dietas vegetarianas estrictas y no tan estrictas a sus pacientes hispanos. Dice que eso debería ser bastante sencillo, ya que varios de los alimentos básicos —como el arroz, los frijoles, las tortillas de maíz y de trigo, y los chiles— no tienen carne.
“Suprimir la carne y los lácteos al envejecer trae beneficios —afirma Barnard, quien ha conducido investigaciones sobre la dieta de los latinos—. Hemos descubierto que la gente se siente mejor, la energía aumenta y hay una significativa pérdida de peso.”
| Concéntrese en comidas frescas cuando esté empezando una dieta más saludable, dicen los expertos. | Sin embargo, eliminar la carne tiene sus desventajas, advierte Tina Ruggiero, experta en nutrición, de Tierra Verde, Florida. Los vegetarianos pueden carecer de proteínas. Además, las dietas vegetarianas, las vegetarianas estrictas y las dietas sin lácteos pueden disminuir el calcio —esencial para los huesos— y la vitamina B12, necesaria para un sistema nervioso saludable a medida que envejecemos. Los suplementos dietarios —específicamente calcio, vitamina D, vitamina B12 y un multivitamínico— pueden suplir estos nutrientes.
Encontrar un término medio Los latinos que no quieren dejar la carne, el pollo o el queso fresco tienen otra alternativa saludable, explica Ruggiero. Pueden comer carne magra y lácteos descremados.
Belisario Campana, de 67 años, de Whittier, California, dice que después de que le diagnosticaran diabetes, dudó de comenzar una nueva dieta. Pero ahora, dice: “En vez de pesada carne roja, comemos delicioso pollo al horno”. Además, la nueva dieta lo ha ayudado a mantener un peso saludable y el azúcar en sangre en niveles normales.
Otra alternativa es una dieta “flexitariana”, que implica reducir el consumo de carne. Un estudio reciente, realizado por el Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, encontró que eliminar la carne de la dieta un día por semana reduce la probabilidad de infartos, derrames cerebrales y cáncer, y ayuda a bajar la presión sanguínea y los niveles de glucosa, triglicéridos y colesterol.
“Al principio, no es fácil —dice Ruggiero—, pero los resultados y los nietos son grandes motivadores.”
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