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Foto: iStockphoto.com/Steve Cole 

Proyectos de ley podrían mejorar el acceso a la atención médica
En tanto familias de todo Estados Unidos lidian con problemas referentes a la atención sanitaria, los latinos deben enfrentar obstáculos adicionales. Las medidas impulsadas por la reforma del sistema de salud, que están siendo consideradas en el Congreso, podrían facilitarles a los latinos el acceso a los servicios médicos, a los cuidados de transición y a los medicamentos.

Por Diane Velasco
septiembre 2009

Reforma del sistema de salud: ¿Qué está en juego para los hispanos?
(verano 2009)

Primero, la prevención
(agosto 2009)

Alimentos para
la vida

(verano 2009)

Sanos despues de los 50
(abril 2009)

Cómo eliminar la fase de ausencia de cobertura
 
(AARP Bulletin)

Ayuda para los que son demasiado jóvenes para Medicare
(AARP Bulletin)

Diane Martinez, trabajadora por cuenta propia de 57 años, es demasiado joven para Medicare y no puede afrontar los costos de un seguro de salud. Por eso, no se realiza controles médicos básicos ni tiene acceso a cuidados preventivos.

Candace Diaz se jubiló a los 61 años y tuvo que enfrentar los exorbitantes costos del seguro de salud, para ella y para su marido, lo que la obligó a volver a trabajar.

Clara Galvez, de 72 años, sufrió una fractura de muñeca; pero aun sin ayuda domiciliaria, siguió cuidando de su madre de 95 años.

En tanto familias de todo Estados Unidos lidian con problemas referentes a la atención sanitaria, las familias hispanas deben enfrentar obstáculos adicionales. Un tercio de los latinos no están asegurados, lo que representa la tasa más alta de cualquier grupo étnico o racial. Además, aunque cuenten con seguro médico, debido a la barrera idiomática y a otras cuestiones culturales, los latinos son menos proclives a acceder a cuidados preventivos, según el Consejo Nacional de La Raza. Según un estudio realizado en 2008 por la Agencia para la Investigación y Calidad de la Salud, del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., también existen importantes disparidades en el cuidado de la salud: por ejemplo, más del 25% de los adultos latinos nunca se controló el colesterol; dos tercios de la población mayor de 50 años nunca se realizó una colonoscopia; y más de la mitad de las mujeres latinas mayores de 40 años no se realizó una mamografía durante el último año.

Existen tres propuestas de reforma claves que están, actualmente, siendo estudiadas en el Congreso, y que podrían comenzar a enfrentar algunos de estos obstáculos. Una de ellas garantizaría el acceso a una cobertura asequible a las personas de entre 50 y 64 años, permitiéndoles acceder a Medicare a una edad más temprana. La segunda eliminaría o reduciría la fase de ausencia de cobertura, o “doughnut hole”, de Medicare Parte D, lo cual ayudaría a los latinos y a otras personas a poder pagar los medicamentos que necesitaran. Y la tercera ampliaría los subsidios y la elegibilidad para la atención domiciliaria, lo que ayudaría a disminuir las readmisiones hospitalarias.

Los que quedan al margen
Con un ingreso que cayó drásticamente junto con la economía, Diane Martinez, una tenedora de libros que trabaja por cuenta propia, en El Paso, Texas, ya no puede costearse un seguro privado, es demasiado joven para Medicare, pero no es lo suficientemente pobre como para calificar para otros programas públicos. Dada su imposibilidad de pagar aun por controles médicos básicos, Martinez no estaba preparada cuando la crisis golpeó.

“Estaba en la temporada impositiva cuando me di cuenta de que tenía problemas de vista para trabajar con la computadora —relata—. Me asusté mucho porque en mi familia hay antecedentes de diabetes. Fui a un oculista y descubrí que tenía cataratas en ambos ojos.” Para los estándares legales de Texas, Martinez estaba  ciega de un ojo, pero el otro no estaba tan deteriorado como para ser considerada legalmente ciega.

"Muchos latinos terminan recibiendo atención de emergencia por afecciones graves que podrían haberse prevenido." —
Brad Plebani,
subdirector del
Center for Medicare Advocacy
Le dijeron que la cirugía le costaría $25.000. Los programas del condado y estatales rechazaron sus pedidos de asistencia. Sin embargo, recibió ayuda de una fuente inesperada: la fundación Knights Templar Eye Foundation, una organización sin fines de lucro que asiste a quienes necesitan una cirugía para evitar la pérdida de la visión, pero que no pueden pagar o recibir la asistencia necesaria de las agencias gubernamentales o de otras fuentes. La fundación, junto con su oftalmólogo, negoció en su nombre para bajar el precio y realizar la cirugía. Sin esta ayuda, Martinez estaría, hoy, totalmente ciega.
 
Pero esa asistencia de una sola vez no resolvió su necesidad a largo plazo de un seguro médico. Martinez todavía no puede costearse pruebas de densidad ósea, mamografías o un papanicolaou —no se ha realizado ninguna de estas pruebas en cinco años—, y, mucho menos, hacerse estudios de la vista con regularidad. Sin los controles médicos, otras afecciones que no están siendo tratadas han comenzado a afectar su vida diaria y, a medida que envejece, se enfrenta con un futuro cada vez más desalentador.

Brad Plebani, subdirector del Center for Medicare Advocacy, sostiene que la falta de seguro agrava los problemas de salud de las personas de entre 50 y 64 años. “Está documentado y es, en parte, atribuible al hecho de no tener seguro médico que los latinos presentan una tendencia a no tener a un médico de atención primaria, en una proporción mayor que los no latinos —señala Plebani—. Como consecuencia de ello, muchos latinos terminan recibiendo atención de emergencia por afecciones graves que podrían haberse prevenido. Por lo general, cuando llegan a una sala de emergencias, están más enfermos que si hubieran accedido a un médico de atención primaria.” 

Consulte a la Sra. Medicare

¿Tiene una pregunta sobre Medicare? ¡La Sra. Medicare tiene las respuestas!

“Consulte a la Sra. Medicare” es una columna originalmente publicada en AARP Bulletin Today, en torno a la cobertura de Medicare que ofrece el gobierno. Visite el archivo de la Sra. Medicare, en español, para ver respuestas sobre varios temas.

Eliminar la fase de ausencia de cobertura o “Doughnut Hole”

Por lo general, bajo la Parte D de Medicare, que cubre los medicamentos recetados, los afiliados deben hacerse responsables de un copago por los fármacos. Sin embargo, el programa tiene un período sin cobertura, llamado fase de ausencia de cobertura o “doughnut hole”, que exige que el beneficiario pague el 100% del costo de los medicamentos luego de haber gastado los primeros $2.700 de su bolsillo. Una vez que llegan a los $6.152, entra en vigor la “cobertura catastrófica” y cubre el 100% de los costos.

“La gente entra en la fase de ausencia de cobertura y no sabe qué hacer —afirma Plebani—. Algunas dejan de tomar la medicación porque no pueden pagarla, y terminan afrontando consecuencias potencialmente malas para su salud.”

En junio, la Casa Blanca llegó a un acuerdo con las compañías farmacéuticas para aplicarles un descuento del 50% a los medicamentos de marca a quienes se encuentren en la fase de ausencia de cobertura, lo que ahorraría a los pacientes unos $80 mil millones en una década. Sin embargo, el acuerdo está sujeto a que el Congreso apruebe una reforma más amplia del sistema de salud.

El senador estadonunidense Jeff Bingaman, demócrata de Nuevo México y miembro del Comité de Finanzas del Senado que tiene jurisdicción sobre Medicare, propuso otra enmienda a la ley de su autoría, Helping Fill the Medicare Rx Gap Act (ley para ayudar a eliminar la brecha sin cobertura del Plan de Medicare para Medicamentos Recetados), de 2009. Este proyecto permitiría que adultos mayores de bajos ingresos pudieran sumar la asistencia recibida de otros programas federales y de programas auspiciados por fabricantes de fármacos que brindan asistencia a los pacientes, a la totalidad de los gastos en que hayan incurrido durante la fase de ausencia de cobertura. 

El costo de la cobertura aumenta tremendamente
Sin una enmienda legislativa para Medicare Parte D, muchos quedan sin ninguna otra opción cuando entran en la fase de ausencia de cobertura.

Antes de que Candace Diaz optara, a los 61 años, por la jubilación temprana, tenía una cobertura a cargo del empleador. Después de jubilarse, le notificaron que las primas del seguro saltarían de $90 a $850 al mes. Hasta un plan básico para ella y su marido les costaría alrededor de $535 por mes. “No había modo de poder hacer frente a ese costo”, asegura.

Actualmente, Díaz, que vive en Buffalo, Nueva York, tiene 63 años y ha vuelto a trabajar a tiempo parcial para el gobierno federal, como contacto del Servicio de Impuestos Internos (IRS) para los contribuyentes. Por $150 mensuales en primas, está cubierta por un plan de seguro federal. Su esposo, quien después de que ella volviera a trabajar quedó discapacitado, obtiene sus medicamentos a través de Medicare Parte D. Aun así, a Diaz le preocupa qué pasará cuando tenga que jubilarse —otra vez— oficialmente y se vea forzada a depender sólo de Medicare.

Peter Ashkenaz, subdirector de asuntos con los medios para los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, sostiene que una opción es postularse para el programa de subsidios para personas de bajos ingresos del Seguro Social, que cubre las primas de Medicare Parte D. “Aunque los interesados se postulen para el programa a través del Seguro Social, Medicare paga por la cobertura de la parte D”, explica.

Sin a donde recurrir por cuidados domiciliarios
La ampliación de la elegibilidad y de los subsidios para los cuidados de la salud en el hogar ayudaría a cubrir no sólo los costos de la asistencia domiciliaria, sino también a evitar costosas readmisiones hospitalarias. Sin embargo, los latinos se enfrentan a obstáculos tanto culturales como financieros a la hora de acceder a cuidados domiciliarios.

“Los latinos sienten que la familia debe cuidar de sus enfermos —afirma Plebani—. El hecho de permitir que entren extraños a la casa significa que, de algún modo, se está eludiendo la responsabilidad hacia un familiar enfermo.” Pero la falta de concientización también es un factor.

Clara Galvez, de Albuquerque, Nuevo México, dice que cuando se rompió la muñeca y tuvo que operarse dos veces, el invierno pasado, nadie en el hospital le habló sobre opciones de cuidados domiciliarios. Galvez cuida a su madre de 95 años, Leoncia Perez, que no habla inglés. “Pensé que, probablemente, no habría manera de obtener ayuda —relata—. Yo contaba con un seguro que me cubría la muñeca, pero creo que nunca pensé en conseguir ayuda para mí y para mi madre mientras me recuperaba. No soy tan pobre como para no poder costear el cuidado, pero es difícil saber dónde encontrar ayuda. Realmente, no sé qué hacer.”

El senador estadounidense, Robert Menendez, demócrata de Nueva Jersey y miembro del Comité de Finanzas del Senado, propuso mayores niveles de ayuda para las organizaciones comunitarias que prestan servicios. “Muchas familias latinas enfrentan grandes barreras para acceder a cuidados médicos, como consecuencia de la carencia de seguro, las diferencias idiomáticas o culturales o, simplemente, del alto costo del tratamiento —sostiene Menendez—. Necesitamos realizar un mejor trabajo a la hora de recopilar datos, reducir la barrera idiomática y mejorar el acceso a cuidados amplios y asequibles.”

Entre tanto, los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid ofrecen material en español a las familias latinas. Ashkenaz afirma que “existe una campaña en marcha para llegar a los prestadores de cuidados, lo que incluye a los familiares de los pacientes, a través de grupos parroquiales y comunitarios”.



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