Cuando le diagnosticaron diabetes a Vicenta Castellano hace 14 años, ella decidió hacerse cargo de su salud y cambió su vida. La residente de San Antonio, de 72 años, dejó de comer alimentos fritos y de beber gaseosas, bajó el consumo de carnes rojas y aumentó el de frutas y verduras. Dice que se siente mucho mejor y que los exámenes muestran que la diabetes está bajo control. Ahora, Castellano se ha convertido en una defensora de los hábitos alimenticios saludables y alienta a sus amigos de la iglesia a seguir sus pasos. “Algunos me prestan atención, pero la mayoría dice que es demasiado duro —nos cuenta esta mexicana estadounidense—. Es difícil cambiar los hábitos de toda una vida.”
Lo que sí está cambiando es el estado general de salud de los latinos, y no para mejor. “Las cosas están empeorando —sostiene Jose Luis Perez, M.D., quien dirige un centro comunitario de salud en Los Ángeles y en el Condado de Orange, California—. La comunidad latina está envejeciendo y cada vez tiene menos acceso a los seguros médicos, a buenas clínicas, a una alimentación saludable y a áreas seguras donde puedan ejercitarse físicamente.”
Los defensores de la salud señalan que la necesidad de medidas preventivas —controles, estudios, mejores dietas y más ejercicio— nunca fue mayor que ahora. Sin embargo, la crisis económica, y la consecuente pérdida de puestos de trabajo, está haciendo que muchos latinos no ubiquen a la prevención como primera prioridad.
Entre las medidas que se están contemplando en el actual debate por la reforma del sistema de salud, se encuentran aquellas que proponen hacer las coberturas de seguros más asequibles para las familias de bajos ingresos y los empleados de pequeñas empresas.
El hecho de tener un seguro permitiría que las personas accedieran a cuidados primarios y preventivos. El presidente Obama también ha presentado otras iniciativas dirigidas a la prevención que quisiera ver en un plan de reforma, entre ellas: que las compañías de seguro cubran, sin cargo, controles regulares y pruebas, tales como mamografías y estudios de la vista y de pies para los diabéticos, que puedan ayudar a controlar o detectar tempranamente problemas de salud.
En busca de una “cura” para el sistema de salud
Perez sostiene que uno de los mayores obstáculos para tener buena salud es la falta de seguro médico. Cada vez son más los pacientes sin seguro que tocan la puerta de su clínica, añade. Las estadísticas lo respaldan: el porcentaje de latinos que han estado sin seguro durante, al menos, parte del año va del 29,4% en 2007 a casi el 36% en 2008, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en comparación con el 21,4% para todos los demás estadounidenses. Perez y otros médicos suponen que estos índices todavía están en aumento.
A medida que las varias propuestas sobre la reforma del sistema de salud siguen su proceso en el Congreso, el legislador Charlie Gonzalez, un demócrata que representa a San Antonio, donde vive Castellano, afirma que si fuera aprobada, la reforma que su partido está auspiciando pasaría a ser parte de la “cura” para los latinos que no tienen seguro. El objetivo principal del plan —brindarles a los estadounidenses mejor accesibilidad a los seguros de salud mediante una mayor ayuda federal para las clínicas comunitarias y subsidios para personas de bajos ingresos y las pequeñas empresas— será “un tremendo beneficio para los latinos —prosigue Gonzalez—. Será incalculable. Será enorme.”
Los latinos, sostiene, muchas veces desarrollan enfermedades crónicas, como la diabetes, en épocas en que no cuentan con un seguro médico y no pueden pagar un tratamiento. Para cuando se tornan elegibles para recibir atención médica a través de Medicare, a los 65 años de edad, es demasiado tarde para tomar medidas preventivas.
En la otra punta política, los republicanos que se oponen a la propuesta de reforma del Presidente y de los demócratas dicen que es muy caro y que privaría a los estadounidenses de poder elegir médicos y planes de salud. Los detractores también se oponen a la idea de aumentar los impuestos de las personas más ricas para ayudar a pagar el plan. Además, existen preguntas sobre si las medidas preventivas realmente permiten ahorrar dinero. A modo de ejemplo, un estudio realizado por la Oficina de Presupuesto del Congreso halló que los esfuerzos preventivos, como los programas para dejar de fumar, fracasaron a la hora de generar algún ahorro. Y el Dr. Barry Kramer, subdirector de la Oficina de Prevención de Enfermedades de los Institutos Nacionales de Salud, ha declarado lo siguiente: “En el campo de la prevención, son pocas las áreas que salvan muchas vidas y dinero.”
A pesar de las diferencias, ambos partidos concuerdan en una cosa: la prevención es clave para tener una población más saludable.
Conciencia de prevención
Enférmese. Vea a un médico. Cúrese. Esta es una forma de abordar el cuidado de la salud.
Otra es prevenir la enfermedad adoptando, para empezar, hábitos sanitarios buenos. Desdichadamente, muchos latinos conocen muy poco acerca de medidas preventivas, afirma la Dra. Elena Rios, presidente y directora ejecutiva de la National Hispanic Medical Association. La mayoría de los obstáculos a ese conocimiento son socioeconómicos. “[Los latinos] muchas veces, tienen ingresos bajos, tienen un bajo nivel educativo, no dominan el inglés, viven en áreas marginales y cuentan con pocos servicios de salud —señala—. No tienen conciencia de lo que son estilos de vida saludables.” Y si tienen dos o más empleos para poder llegar a fin de mes, como es el caso de muchos latinos, les queda poco tiempo para cuidar de ellos mismos o de sus familias.
Rios enfatiza la barrera idiomática. Si los latinos van a un médico, quizás no entiendan lo suficientemente bien a un doctor angloparlante como para seguir las instrucciones médicas que éste les indique. De modo que, según ella, la comunidad necesita más médicos y enfermeras latinos, que puedan comunicarse mejor con los miembros de su comunidad. Mientras que cerca de un 15% de la población de Estados Unidos es latina, sólo el cinco por ciento de los médicos y el dos por ciento de las enfermeras del país lo son, según el “Report on Health Professions Diversity”, de la Sullivan Commission.
“Me gustaría ver más estudiantes dedicándose a las profesiones médicas”, declara Rios, añadiendo que toda reforma del sistema de salud que pretenda ser exitosa debería incluir becas/subsidios para incentivar que más estudiantes se inclinen por la medicina de cuidados primarios y para la promoción de medidas preventivas.
Y existe otro obstáculo: “También hay una cultura fatalista en la comunidad latina —expresa Rios—. A menudo, hay una actitud de ‘Bueno, si Dios quiere que tenga cáncer, entonces, ese es mi destino.’” Esta sensación de no tener el control lleva a que muchos no consulten al médico o que no sigan otros hábitos sanitarios preventivos, afirma.
Paradójicamente, los inmigrantes recientemente llegados de Latinoamérica llevan estilos de vida más saludables cuando llegan que aquellos nacidos en Estados Unidos o que viven aquí hace más tiempo, según Adolph Falcón, vicepresidente senior de la Alianza Nacional para la Salud de los Hispanos. En un principio, los inmigrantes realizan más ejercicio, comen de un modo más saludable y fuman menos. Sin embargo, a medida que los latinos se van adaptando al estilo de vida estadounidense, adquieren hábitos sanitarios malos, sostiene Falcón. Haber cambiado de las comidas tradicionales de su tierra, basadas en granos, frijoles y verduras, a alimentos procesados y ricos en grasas, ha resultado en altas tasas de diabetes y obesidad entre los latinos.
La Alianza desea modificar este patrón a través de ¡Vive tu Vida!, una serie de eventos a realizarse este año en diez ciudades de Estados Unidos, que apuntan a motivar a segundas y terceras generaciones de latinos a hacer ejercicio. Los eventos presentarán ejercicios y actividades deportivas, clínicas, bocadillos saludables y estudios médicos gratuitos. “Este es un punto crítico en términos de nuestra comunidad —dice Falcón—. Nuestro desafío actual es cómo reforzar las prácticas de salud positivas y lograr que los latinos aprendan nuevas prácticas similares.”
Otro ejemplo de organizaciones que promueven la prevención entre los latinos es la Coalición Hispana de Salud en Chicago. Sus proyectos abarcan una diversidad de programas como el Door to Door Outreach Program, dirigido a familias que tengan servicios de salud insuficientes y familias de inmigrantes, como también un programa de nutrición y ejercicios para mujeres latinas y una guía de servicios sanitarios preventivos disponibles en la comunidad.
Y mientras estos programas continúan su tarea, otros defensores de los servicios de cuidado de la salud y médicos que tratan a pacientes latinos esperan que la reforma del sistema nacional de salud facilite, a pacientes como Vicenta Castellano, la prevención de enfermedades crónicas como la diabetes, o, si llegaran a enfermarse, la adopción de un estilo de vida más saludable, para prevenir complicaciones futuras y recibir tratamiento más tempranamente.
Para Rios, una reforma del sistema de salud que ayude a que los latinos sean más saludables es también un buen negocio. Ella sostiene que los latinos representan un segmento en crecimiento dentro de la fuerza laboral de EE. UU., y que “la salud de los latinos está relacionada con el bienestar económico de la nación.”