Michael Ramirez, dueño de una farmacia en la zona Este de Los Ángeles, ha notado cómo, en los últimos tiempos, las ventas han caído en picada, resultado —según él— de los efectos del empeoramiento de la economía sobre una comunidad hispana con escasa atención médica. “Sé que hay ciertas personas que ya no pueden pagar sus medicamentos —dice Ramirez—. La gente está perdiendo los empleos, perdiendo los seguros… y las cosas no van a mejorar en el futuro inmediato.”
De hecho, los hispanos son más propensos que todos los demás estadounidenses a carecer de seguro médico. Según los Centers for Disease Control and Prevention (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades - CDC), más del 34% de hispanos no están asegurados, en comparación con el 12% de los blancos no hispanos y el 18 % de los negros no hispanos. Además, según los informes de consumo del Consumer Reports National Research Center (Centro Nacional de Investigaciones de Consumer Reports), el 29% de los adultos hispanos no respetan lo recetado por sus médicos por razones de costos.
Según los CDC, más de una quinta parte de los estadounidenses que no están asegurados tienen entre 45 y 64 años, franja etaria en la que las enfermedades crónicas comienzan a prevalecer. Aun cuando califican para Medicare, muchos estadounidenses mayores tienen dificultades para pagar los deducibles del plan y los co-pagos. Otros enfrentan el período de ausencia de cobertura de Medicare para medicamentos recetados, una brecha entre los beneficios normales del plan y la cobertura catastrófica que los obliga a gastar miles de dólares en estos productos.
Si bien más de un tercio de los 3,4 millones de pacientes hispanos de Medicare de la nación es lo suficientemente pobre como para calificar para recibir ayuda del gobierno para cubrir los co-pagos y deducibles de Medicare, otros hispanos mayores podrían verse beneficiados por las propuestas del presidente Barack Obama, entre las cuales figuran permitir a Medicare negociar para obtener precios de fármacos más baratos, volver a importar medicamentos que se venden a precios más bajos en otros países y colocar más fármacos genéricos en el mercado.
La reforma es una prioridad
Durante su campaña, Obama hizo de la reforma del sistema de salud una prioridad. Ahora, está presionando al Congreso para que se mueva con rapidez, pidiéndoles a los legisladores que le presenten, a la firma, un proyecto de ley antes de que se tomen las vacaciones de verano, en agosto.
Sin embargo, su ambición de brindar cobertura a los millones de personas que no poseen seguro médico en el país —que se espera que lleguen a 48,9 millones en 2010—, reforzar y proteger Medicare y bajar los costos del cuidado de la salud para todos los estadounidenses enfrentará grandes obstáculos.
| Más del 34% de hispanos no están asegurados, en comparación con el 12% de blancos no hispanos y el 18% de los negros no hispanos, según el CDC. |
Un obstáculo es el dinero: el plan de salud de Obama podría costarle al gobierno de Estados Unidos $1,4 millones de millones entre 2010 y 2019, según un análisis realizado por el grupo independiente Lewin.
Obama le pidió al Congreso, en su primer presupuesto, un “pago inicial” de $630 mil millones. Él quiere que casi la mitad de este pago inicial provenga de una reconsideración de los pagos de Medicare y Medicaid. Una parte substancial de ese dinero podría provenir de los miles de millones que, según los expertos independientes del Medicare Payment Advisory Comission (Comité Asesor para Pagos de Medicare - MedPAC), surgirían de los pagos excedentes de los planes Medicare Advantage
Para quienes califiquen para Medicare, los planes Medicare Advantage ofrecen una variedad de planes privados entre los cuales elegir; pero la administración Obama, respaldada por los informes de MedPAC y de la Government Accountability Office (Tribunal de Cuentas del Gobierno de EE. UU. – GAO), sostiene que el gobierno federal está pagando de más a las compañías de seguro privadas. Estos sobrepagos le están costando a cada afiliado a Medicare $3 extras al mes.
El presidente espera ahorrar $177.000 millones de dólares en diez años recortando los pagos de los planes Medicare Advantage. El resto del pago inicial provendría de la reconsideración de los sistemas de pagos para recompensar a los médicos y a los hospitales por la calidad, más que por la cantidad, del cuidado que brindan, y de la restricción de las exenciones impositivas para los estadounidenses más adinerados.
Pero los republicanos —y algunos demócratas conservadores— se oponen al presupuesto de $3,6 millones de millones de Obama, que reafirma las prioridades del presidente en lo que respecta al gasto. El primer presupuesto del Presidente apunta a cumplir muchas de las promesas de campaña de restituir los recortes a los programas sociales realizados por la administración Bush, darle a la clase media estadounidense un nuevo respiro impositivo, promover los combustibles renovables y preparar el terreno para la renovación total del sistema de salud.
Los dirigentes demócratas del Congreso están considerando una táctica legislativa que les permitiría ganar la aprobación del plan de reforma del sistema de salud, sin el apoyo de los republicanos. Sin embargo, la Casa Blanca y muchos defensores del sistema de salud —entre ellos AARP— esperan que el esfuerzo sea bipartidista.
“La manera en que se avance dependerá de si los miembros del Congreso se sienten o no presionados por los votantes para avanzar”, señala Judith Feder, profesora de política pública en Georgetown University y activista por la reforma del sistema de salud.
El republicano Charles Boustany (R-LA), un ex cirujano que ocupa un lugar en la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, una de las diversas comisiones del Congreso que le darán forma al plan de salud, afirma que el Congreso debe trabajar con Obama “para bajar los costos de una manera responsable, al tiempo que se mejora la calidad”.
“Hay áreas en las que estamos de acuerdo y, juntos, deberíamos comenzar por donde coincidimos, no por donde disentimos”, señala Boustany.
“Ha habido un gran cambio en el modo de pensar de la gente. Ya no podemos darnos el lujo de que los costos del cuidado de la salud suban y suban, y, al mismo tiempo, aumente el número de personas que no poseen seguro.” —Dra. Elena Rios, presidente y directora ejecutiva, National Hispanic Medical Association |
Otro obstáculo a la reforma es la demora en la designación de un secretario para el Department of Health and Human Services (Departamento de Salud y Servicios Humanos - HHS). La primera elección de Obama, el ex líder del bloque mayoritario del Senado, Tom Daschle, quien también había sido designado para dirigir la nueva Oficina para la Reforma del Sistema de Salud de la Casa Blanca, renunció después de que tomara estado público que no habría pagado algunos impuestos.
Obama, entonces, eligió a la gobernadora de Kansas, Kathleen Sebelius, para cubrir el cargo máximo en el HHS. Sin embargo, los legisladores antiabortistas podrían resistir su confirmación debido a que, como gobernadora, vetó los proyectos que restringían el aborto. Más recientemente, el descubrimiento de un error por $8.000 en su declaración de impuestos puso en peligro su designación.
En cualquier caso, dado que Obama no designó a Sebelius para dirigir la Oficina para la Reforma del Sistema de Salud junto con el HHS, ella carecería del poder que hubiera tenido Daschle como “zar” de la reforma. En su lugar, Obama nombró a Nancy-Ann DeParle, ex directora de la Health Care Financing Administration (Administración para la Financiación de la Asistencia Sanitaria), precursora de los Centros de Servicios de Medicaid & Medicare, para dirigir la citada oficina.
Reformas clave propuestas
Sin embargo, la ausencia de un secretario para el HSS no impidió que Obama actuara. Un paso es reunir información. La Dra. Elena Ríos, presidente y directora ejecutiva de la National Hispanic Medical Association (Asociación Nacional Médica Hispana), estuvo entre las docenas de defensores, representantes de la industria del cuidado de la salud, dirigentes sindicales y empresariales y legisladores, quienes, en marzo, participaron en la Casa Blanca de un foro en el que el Presidente resumió su objetivo: cobertura médica universal. Obama declaró que deseaba considerar las ideas del Congreso, las de la industria del cuidado de la salud y las de todos los afectados por las modificaciones propuestas.
“El foro no fue acerca de los detalles del plan —señaló Rios—, sino de cómo trabajar juntos.”
De todos modos, tanto durante la campaña como después de haber asumido, Obama trató algunas de las reformas clave. Entre ellas podemos citar la expansión de Medicaid, el programa de salud del gobierno para pobres, para brindar cobertura a familias e individuos por debajo de cierto nivel de ingresos, quizás de hasta un 150% del índice de pobreza federal, y ayudar a otras personas con ingresos un poco más altos, pero aún limitados, a contratar un seguro de salud.
También enfatizó la necesidad de reforzar la regulación federal del mercado de seguros, de modo que la gente pueda obtener una cobertura asequible sin que se tengan en cuenta las condiciones médicas preexistentes, otorgando subsidios a las pequeñas empresas para ayudarlas a cubrir a sus trabajadores, y generando un intercambio de seguros de salud que brindaría, a los individuos y a las pequeñas empresas, una variedad de planes de seguros comparables a los actualmente disponibles para los miembros del Congreso y los trabajadores federales. Todos estos objetivos cuentan con el apoyo de AARP, según afirmó Paul Cotton, cabildero de AARP.
| Una propuesta del Congreso permitiría que los mayores de 55 años pudieran ingresar a Medicare. Esto beneficiaría a muchos latinos, ya que muchos están perdiendo sus trabajos —y la correspondiente cobertura de salud— con mayor rapidez que el resto de la población. |
“Todos tendrán acceso a buenos beneficios”, declaró Feder, candidata para varios cargos vacantes en el equipo de salud de Obama.
Es probable que el Congreso modifique y complemente los planes del Presidente. Una propuesta permitiría que los mayores de 55 años pudieran ingresar a Medicare. Esto beneficiaría a muchos latinos, ya que muchos están perdiendo sus trabajos —y la correspondiente cobertura de salud— con mayor rapidez que el resto de la población en general. También es más probable que los latinos adultos mayores sean contratados por pequeñas empresas que no ofrecen beneficios médicos.
Dificultades para lograr consenso
A pesar de que la oposición política a una revisión masiva y puesta a punto del sistema de salud ha disminuido desde que el presidente Bill Clinton delegara, en 1993, esta tarea en su esposa, la actual secretaria de Estado Hillary Clinton, se espera que algunos intereses poderosos intenten resistirse a muchos de los cambios propuestos por el gobierno.
También es esperable que la idea de crear una “Junta Federal de Salud” independiente que pueda tomar decisiones respecto de las coberturas de los programas de salud federales, incluyendo Medicare, suscite controversias. Esta junta tendría el poder de reducir o negar los pagos por fármacos y prácticas nuevos, a partir de su efectividad.
Los aseguradores se sienten intranquilos con respecto a los intentos de crear un plan nacional que compita con los aseguradores privados. America’s Health Insurance Plans —un grupo comercial del rubro— y la Blue Cross and Blue Shield Association declararon que se oponen a la creación de un plan nacional.
Algunos médicos también están preocupados. Les preocupa que las reformas puedan resultar en una reducción de honorarios y en restricciones sobre ciertas prácticas costosas. Sin embargo, muchos de ellos entienden que la reforma podría beneficiarlos, dado que, bajo el sistema actual, ya no pueden brindar una buena atención, al haber tantos pacientes sin cobertura de salud.
Además, algunos demócratas liberales están criticando a Obama por utilizar para la reforma el mismo método por el cual la mayoría de los estadounidenses obtienen sus cuidados médicos actualmente: a través de sus empleadores. Estos críticos prefieren un plan de “pagador único”, por medio del cual el gobierno paga todos los costos del cuidado de la salud con ingresos recaudados a través de impuestos, muy similar a Medicare.
Sin embargo, la adopción de un plan de cuidado de la salud de pagador único podría resultar políticamente poco realista. Sus oponentes lo llaman “medicina socializada” y afirman que despojará a los pacientes del control sobre el cuidado de su salud. Hasta algunos de los liberales más poderosos del Congreso que podrían, en teoría, apoyar un plan de pagador único, como, por ejemplo, el senador Ted Kennedy (D-MA) y el representante Henry Waxman (D-CA), entienden que este proyecto no puede ser aprobado, de modo que están trabajando en una solución más aceptable.
De todos modos, el hecho de haber colocado, desde un principio, este tema como prioridad en la agenda le brinda a Obama una mejor oportunidad para impulsar la reforma del sistema de salud; y la opinión popular, a más de 15 años del último intento por revisar el sistema, es muy distinta.
“Ha habido un gran cambio en el modo de pensar de la gente desde aquel entonces —señala Rios—. Ya no podemos darnos el lujo de que los costos del cuidado de la salud suban y suban, y, al mismo tiempo, aumente el número de personas que no poseen seguro.”
Un llamado al cambio
La Dra. Yanira Cruz, presidente y directora ejecutiva del Consejo Nacional Hispano sobre Envejecimiento, espera poder trabajar con la nueva administración para lograr que todos los estadounidenses puedan disponer de una cobertura de salud asequible y de calidad. Cruz sostiene que “durante este proceso, será importante observar a Medicare para determinar qué está funcionando”.
Cruz apoya el compromiso de Obama de incrementar la “competencia cultural” de los trabajadores del área del cuidado de la salud, para que puedan comprender mejor a las comunidades hispanas. También señala que espera que las reformas logren que los hispanos reciban mejores cuidados preventivos, ya que este grupo es el más proclive a sufrir enfermedades crónicas como la diabetes, enfermedad que golpea a uno de cada tres latinos de más de 65 años.
“Necesitamos prestar atención al envejecimiento de esta población”, afirma Cruz. El cambio, sostiene, es imperativo.