Para asegurarse de que todos los estadounidenses estén representados justamente en la Cámara de Representantes de EE. UU., la Constitución ordena un recuento de la población nacional, cada diez años. Desde que se realizó el primer censo nacional, en 1790, algunas personas fueron contadas y otras, no. Los esclavos, los indígenas estadounidenses y los pobres alguna vez fueron excluidos de los recuentos nacionales, omisión que les costó poder político.
Aunque, actualmente, la ley exige que todas las personas sean contadas, el conteo de los grupos minoritarios, especialmente los latinos, por lo general queda corto. Esto evita que este grupo poblacional obtenga el poder político que debería acompañar su crecimiento.
“El censo es la base de nuestra democracia”, afirma Arturo Vargas, director ejecutivo de la National Association of Latino Elected and Appointed Officials (Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados —NALEO). Dado que los latinos están alimentando el crecimiento de la población en varios estados, un recuento preciso —seguido de una redistribución de los distritos electorales, para darle a la creciente comunidad latina la representación que se merece— podría enviar más legisladores latinos al Congreso.
El presidente Barack Obama recibirá los recuentos oficiales de las poblaciones de cada estado en diciembre de 2010, lo que dará el puntapié inicial al proceso de redistribución proporcional de los 435 escaños de la Cámara de Representantes de EE. UU., entre los 50 estados. Los defensores de los latinos monitorearán cuidadosamente el proceso, para asegurar que el recuento sea justo. Lo mismo harán los republicanos, quienes planean desafiar los reclamos relativos a subrecuentos de minorías.
“El censo es la base de nuestra democracia” — Arturo Vargas, director ejecutivo, NALEO |
“Los ajustes producen falsos recuentos y se utilizan con fines políticos”, sostiene Brock McCleary, vocero del representante Patrick McHenry, de Carolina del Norte, el republicano de máxima jerarquía de la subcomisión de la Cámara a cargo de fiscalizar el censo.
El profesor Robert M. Goves, sociólogo de la University of Michigan, a quien Obama eligió para dirigir la Oficina del Censo, es un experto en y un defensor de la utilización del muestreo estadístico, un proceso que extrapola datos del número de personas contadas, para determinar —y corregir— recuentos inexactos. Sin embargo, la Corte Suprema resolvió, en 1999, que no se puede utilizar el muestreo estadístico para la redistribución de los escaños de la Cámara, aunque se pueden realizar ajustes en los recuentos poblacionales al delimitar nuevamente los distritos legislativos o electorales.
Después del censo de 2000, Arizona, Florida, Texas y Georgia estuvieron entre los estados que, debido al rápido crecimiento de su población, incrementaron su representación en el Congreso. Nueva York, Pensilvania y Misisipi perdieron distritos electorales o legislativos, debido al lento crecimiento poblacional.
William H. Frey, un demógrafo de The Brookings Institution, señala que Florida, Texas y Oregon podrían ser los grandes ganadores del censo de 2010. En cambio, los estados centrales del “Rust Belt”—inmensa zona industrial en declive que se extiende desde Filadelfia hasta Chicago—, que han experimentado años de declinación económica y poco crecimiento, podrían resultar los perdedores, como así también Luisiana, que, como consecuencia del huracán Katrina, sufrió el desplazamiento de miles de habitantes.