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El joven soldado Al Martinez, en Corea.
El joven soldado Al Martinez, en Corea. Fotos: Cortesía de Al Martinez 

Elogio a la Ley del Soldado
El sargento del Cuerpo de Infantería de Marina de EE. UU. Al Martinez estaba dispuesto a dar su vida en la Guerra de Corea. Cuando regresó a su hogar, la Declaración de Derechos o Ley del Soldado le brindó un nuevo punto de partida. Aquí, la historia de cómo una baja honorable y una legislación social amplia pusieron a un militar en el camino hacia la casa propia y el premio Pulitzer.

Por Al Martinez
mayo 2009

Beneficios de la Ley del Soldado

Sobrevivientes reales: Entrevistas a dos veteranos de la marcha de la muerte de Bataán (mayo 2009)

Algunas batallas se pelean en casa (mayo 2008)

Familias militares, un nuevo despertar (aarp.org)

Veteranos de la Segunda Guerra (octubre 2002) 

Nota del editor: Sancionada en ley por el presidente Franklin D. Roosevelt, el 22 de junio de 1944, la Ley de Reajuste del Personal de las Fuerzas Armadas de 1944, comúnmente conocida como GI Bill of Rights (Declaración de Derechos o Ley del Soldado), es una de las leyes más significativas de la legislación social del siglo XX: evitó una temida depresión económica después de la Segunda Guerra Mundial y permitió que la clase media se expandiera considerablemente ya que, gracias a ella, millones de veteranos obtuvieran títulos universitarios, compraron viviendas e iniciaron negocios.

La Ley del Soldado original caducó en julio de 1956 y, para ese entonces, 7,8 millones de veteranos de la Segunda Guerra Mundial habían participado de un programa educativo o de capacitación, y 2,4 millones habían obtenido préstamos para viviendas respaldados por la Veterans Administration (Administración de Veteranos) (esta administración  fue incorporada, junto con otras agencias, al Department of Veterans Affairs —Departamento de Asuntos de Veteranos—, en 1989). El legado de la Ley del Soldado está vivo en la legislación de beneficios para veteranos que siguió a continuación. Juntas, estas leyes han elevado el nivel de vida para las sucesivas generaciones de veteranos y sus familias, incluyendo, al día de hoy, a 1,1 millón de veteranos hispano estadounidenses.


Volví de la Guerra de Corea de cuerpo entero, pero con el espíritu herido. Nadie que haya estado alguna vez en combate sale del campo de batalla sin cicatrices emocionales. La guerra lo sigue a uno al hogar de muchas maneras, proyectando grandes sombras sobre todo intento de adaptarse a la vida normal.

¡Márque su calendario!
El 25 de mayo, Día de los Caídos, 8 p.m.

El 25 de mayo, Día de los Caídos, V-Me transmitirá una presentación en español del especial televisivo de AARP Familias militares, un nuevo despertar. Este especial se enfoca en las familias de veteranos que han sido heridos en las guerras de Iraq y Afganistán. 

Visite aarp.org/iraqvets para mayor información sobre esta cobertura especial, y para ver, en exclusiva, un breve avance de Familias militares, un nuevo despertar.

Visite el sitio en internet de V-Me para consultar los horarios y la lista de estaciones locales.

Salí de Corea en abril de 1952, después de 14 meses de servicio. Me había casado antes de embarcarme y, cuando regresé, tenía una hija que había nacido después de que me fuera a la guerra. Estábamos encerrados en un minúsculo apartamento de un ambiente, en una desagradable área al sur de la calle Market Street de San Francisco, sin ingresos ni un sitio adecuado para vivir. No hubo tiempo para festejar mi regreso.

La Ley del Soldado sería, finalmente, nuestra salvación.

No había alfombra roja para los que buscábamos trabajo o una vivienda mejor. Estados Unidos estaba cansado de los conflictos armados, después de que la Segunda Guerra Mundial terminara, y la “escaramuza” en una lejana península asiática no conmovía a nadie. Éramos los veteranos abandonados de una guerra olvidada.

Escribir para un periódico había sido siempre la ambición de mi vida, pero una y otra vez me dijeron que para conseguir siquiera una entrevista en algún periódico de Bay Area necesitaba un título universitario. Como había sido convocado como soldado de la reserva de la Infantería de Marina a fines de mi tercer año en el San Francisco State College, no tenía las materias suficientes como para alcanzar un título. Esta fue una verdad devastadora, una barrera ante el futuro que me frustraba y me enojaba. No podía conseguir el trabajo que deseaba porque carecía de un título universitario, y no podía obtenerlo porque no tenía el dinero suficiente para ir a la universidad.

Una baja honorable permitió a Al Martinez 
beneficiarse de la Ley del Soldado.

Entonces, volví a encontrarme con amigos de los días de estudiante universitario. La mayoría eran veteranos de la Segunda Guerra Mundial y habían terminado sus estudios en instituciones estatales, gracias a la Ley del Soldado. Esta ley les había pagado los cuatro años de universidad y estaba disponible para los veteranos de la Guerra de Corea. Tomé la decisión de inscribirme en el turno noche de University of California (Universidad de California – UC), Berkeley, preparado para enfrentar un laberinto de papeleo para poder ingresar. Pero todo lo que necesité fue mi documentación de baja. Inscribirse nunca había sido tan sencillo.

Estudié ciencias políticas y fotografía en la UC; luego, concurrí a una universidad comunal para tomar cursos de política internacional e historia de China, a lo que siguió un estudio sobre la ley de difamación en el Hasting College of Law, en San Francisco, todo gracias a la Ley del Soldado. Para ese entonces, ya había conseguido un trabajo en un periódico pequeño, al otro lado de la bahía, en Richmond, la ciudad donde Henry Kaiser había construido las flotas de los “Liberty Ships” (los “buques de la libertad”), durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando me contrataron, entendí que mi carrera había comenzado, de modo que nunca pedí un título. Sin embargo, lo que aprendí nunca se desperdició, sino que forma parte del caudal de conocimientos que todo buen periodista debe poseer.

Nuestra situación doméstica era mejor, pero todavía no era la ideal. Hacia fines de 1952, nos mudamos del pequeño apartamento en San Francisco a lo que habían sido las viviendas temporarias para los trabajadores del astillero de Richmond durante la guerra, una serie de unidades tipo caja, que estaban desparramadas en un área que se llamaba Triangle Village. Nuestra nueva vivienda no era del todo adecuada y, además, era peligrosa y ruidosa.

Las vías del ferrocarril sin cercas, que corrían a la vera del terreno, ponían en peligro a los niños, incluyendo a nuestra hija Cindy. El estruendo de los trenes, las 24 horas del día, perturbaban la serenidad que Triangle ofrecía y hacía que dormir una noche entera fuera imposible. Comenzamos a buscar un lugar mejor y más seguro para que la familia creciera, y, otra vez, recurrimos a la Ley del Soldado.

En 2000, ya periodista ganador del Premio Pulitzer, Al Martinez regresó a Corea.
En 2000, ya periodista ganador del Premio
Pulitzer, Al Martinez (der.) regresó a
 Corea.
Después de semanas de búsqueda, encontramos lo que deseábamos: una casa en las colinas, con vista a Richmond, que estaba en construcción. El constructor pedía $12.500. Mientras tanto, yo me había presentado en la Veterans Administration para solicitar un préstamo bajo la Ley del Soldado, y el 18 de febrero de 1954, recibí el certificado de elegibilidad. Contra toda probabilidad, con un salario de $75 a la semana que me pagaba el periódico, pudimos comprar la casa, sin pago inicial, con un préstamo garantizado, en parte, por el Tío Sam y con una tasa de interés del cuatro por ciento; todo esto gracias a un gobierno que yo pensaba que nos había abandonado. Todavía guardo ese certificado.

Nuestra segunda hija, Linda, nació en el hogar donde vivimos por diez años antes de mudarnos a un lugar más grande, sobre un terreno de dos acres, al pie del Monte Diablo. Mi carrera florecía en el Oakland Tribune, cuando llegó nuestro hijo Allen, y, más tarde, alcanzó nuevas alturas cuando pasé al Los Angeles Times, donde compartí tres medallas doradas de los Premios Pulitzer, primero como periodista y, luego, como columnista.

La Ley del Soldado les brindó a los veteranos un empuje tanto emocional como financiero. Esto es especialmente cierto para los que peleamos en la Guerra de Corea y volvimos no para el reconocimiento, sino al silencio. Me abrió la puerta a una carrera llena de honores que prosiguió por 57 años. Al permitirme continuar mi educación y comprar mi primera casa, la Ley del Soldado le dio a toda mi familia un nuevo punto de partida. Fue el agradecimiento supremo de Estados Unidos, por un año en la guerra.

Beneficios de la Ley del Soldado

La Ley del Soldado de 1944 fue un saludo de reconocimiento a las Fuerzas Armadas y a las necesidades de los veteranos de Estados Unidos. Pisándoles los talones a la Gran Depresión y a la legislación del New Deal, fue también diseñada para evitar una crisis económica y social, a medida que millones de veteranos volvían a sus casas. La Ley del Soldado original y su sucesora, la Ley del Soldado de Montgomery, proporcionaban:

  • Indemnizaciones para veteranos que tuvieran una discapacidad de, por lo menos, un 10%, debida al servicio militar.
  • Pensiones para veteranos con ingresos limitados, con discapacidades permanentes y totales, o que tuvieran, al menos, 65 años de edad.
  • Cuidado de la salud, incluyendo una amplia variedad de servicios para pacientes internados y ambulatorios.
  • Rehabilitación vocacional y empleos para veteranos con discapacidades relacionadas con actos del servicio.
  • Educación y capacitación para programas homologados, generalmente, dentro de los diez años de la baja.
  • Préstamos para la vivienda, incluyendo garantías para préstamos, refinanciamiento y subsidios especiales para ciertos veteranos discapacitados.
  • Seguro de vida, incluyendo distintos tipos de pólizas de vida de bajo costo.
  • Familiares a cargo y sobrevivientes, incluyendo indemnizaciones a familiares sobrevivientes de miembros de las Fuerzas Armadas que hubieran muerto en servicio activo o debido a discapacidades que estuvieran relacionadas con actos del servicio.
  • Entierro, incluyendo una indemnización por algunos gastos de entierro, lápida, bandera funeraria y una parcela en el cementerio nacional de la VA.

Beneficios de la nueva Ley del Soldado
En 2008, la legislación sobre beneficios de los veteranos fue actualizada para ampliar la ayuda financiera para educación, para aquellos que hubieran servido al menos 90 días, después del 10 de septiembre de 2001. La ampliación de los beneficios estará disponible a partir del 1ro. de agosto de 2009, e incluirá:

  • Pensión mensual para vivienda, que se pagará directamente al veterano.
  • Libros y pensión por suministros de hasta $ 1.000 por año, que se pagará en forma directa al veterano
  • Estipendio de $500 pagadero a veteranos que se muden de áreas predominantemente rurales.

En una disposición aún no finalizada, aquellos que todavía estén en servicio recibirán los siguientes beneficios:

  • Matrícula y cuotas en cualquier universidad certificada, hasta un valor similar al costo de la institución pública más cara, que se pagará en forma directa a la universidad.

Para más detalles, llame al 888-442-4551 o visite cualquier oficina regional de la VA o los sitios de internet del Department of Veterans Affairs.

—Theodore Fischer



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