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| Fotos: Cortesía Raquel Stabinski-Leib |
Una reunión sin igual
Inestabilidad política. Ideales puestos a prueba. Cincuenta años después de renunciar a una elegante graduación en La Habana, una generación atrapada bajo la mira de la revolución vuelve a encontrarse y descubre que tiene mucho para celebrar.
Por Raquel Stabinski-Leib
febrero 2009
Luego de, finalmente, superar mis dudas iniciales, acepto la invitación a la reunión de mis compañeros de la escuela secundaria de la promoción del 58, en Miami. Han pasado 50 años —parece toda una vida— desde la última vez que vi a mis ex compañeros o caminé los pasillos del Instituto Edison, en La Habana.
Desarraigados de nuestra tierra natal, hemos crecido en un país diferente, con diferentes costumbres y tradiciones. No puedo más que preguntarme si seguiremos teniendo algo en común. Por otra parte, ¿cómo podría encontrar a mis compañeros de promoción en una muchedumbre de cientos de ex alumnos de distintos años?
Vuelo desde Connecticut, el estado en que resido, a Miami, donde me alojo en la casa de mi madre. Ésta, descubro de repente, es la primera parada de la máquina del tiempo que me llevará, figuradamente, al sitio en el que nací y viví los primeros 19 años de mi vida.
El día de la reunión, mi madre, con verdadero espíritu latino, me hace probar distintos atuendos, hasta que encuentra el que considera perfecto, y, luego, me aconseja no regresar a casa demasiado tarde. Ahora estoy segura de que he comenzado a viajar en el tiempo hasta mi adolescencia. Siento tremendas ganas de decir: “¡Oye, soy una mujer de 67 años!” Pero no me atrevo. Después de todo, ella es mi madre.
Transportada al pasado Al entrar al vestíbulo del hotel, todos está hablando en español, el pegadizo ritmo de música latina me envuelve y me siento transportada, desde Miami, al corazón de La Habana. Enderezo mis hombros y meto la panza; Dios me libre de parecer una vieja panzona.
No pasa mucho antes de que viejos amigos me inmovilicen con fortísimos abrazos. Entre risas emocionadas, no podemos dejar de rememorar los viejos tiempos. “No has cambiado ni un poquito”, nos decimos unos a otros cuando miramos las imágenes de nuestro anuario, La Memoria 1958. Ha sido colocado en medio de la mesa de objetos de interés. Nos veíamos tan serios y centrados entonces, digo para mis adentros. Quizá no hayamos cambiado tanto.
Como grupo, contamos con una importante cantidad de profesionales, dentro y fuera de Cuba, y tan lejos como en España y México y —aunque sólo los que vivimos en Estados Unidos nos reunimos hoy—. Nuestras historias de éxito desafían las tribulaciones de haber tenido que emigrar y del particular estilo de socialismo de Cuba. Me topo con Waldo López-Aqueres, Ph.D., que sigue siendo el que se ve más joven y hoy se desempeña como director de investigación económica en el Tomás Rivera Policy Institute, de la Universidad del Sur de California; Enrique Hochman, restaurador de Miami Beach; Elías Vilkas, miembro galardonado del American Institute of Architects (Instituto Estadounidense de Arquitectos) y el responsable de conservar la única copia existente del anuario de 1958; Pedro Fernández-Roig, presidente saliente de la asociación de ex alumnos; y tantos otros. Hoy, en este hotel de Miami, somos, sencillamente, orgullosos egresados del Instituto Edison.
La tarde alcanza otro punto culminante: una sincera conversación con Marta Abreu, la profesora que cultivó en mí el amor por los libros y en quien me inspiré para convertirme en escritora.
Caminos de principios Más tarde, mientras me dirigía a la sala de banquetes, con Mery Kratz, compañera de clase desde la escuela primaria y ahora gerente de ventas de una gran fábrica de envases plásticos, un comunicado indica que la promoción del 58 debe permanecer en el vestíbulo. Tal como se nos pide, aunque bastante desconcertados, esperamos parados, en fila, ordenados alfabéticamente, hasta que se abrieron las puertas, al compás de las conmovedoras notas de “Pompas y circunstancias”. Uno por uno nos llaman por nombre. Bajo la clamorosa ovación de los otros más de 200 ex alumnos presentes, marchamos —muchos, estoy segura, como yo, con las rodillas temblorosas— hasta el podio y recibimos nuestros diplomas. Por fin, la promoción del 58 estaba celebrando de verdad.
Hace cincuenta años, nuestra promoción de estudiantes idealistas, creyendo que la dictadura reinante de Fulgencio Batista estaba violando abiertamente la constitución de Cuba y los derechos civiles de su pueblo, decidió no celebrar en alto con una elegante graduación. En lugar de ello, para demostrar nuestro apoyo a la revolución que se gestaba en la Sierra Maestra, optamos por una ceremonia simple en el patio de la escuela.
Después de la graduación, siempre fieles a nuestros principios, recorrimos nuestros propios caminos. Los que adhirieron a las promesas de Fidel Castro y permanecieron en Cuba se convirtieron en profesionales que continúan sirviendo a su país: compañeros como Jorge Lodos Fernández, Ph.D., el genio de la clase, hoy químico, que trabaja para MINAZ, el ministerio del azúcar de Cuba; y Bienvenido Grá Oramas, físico e investigador del Instituto Nacional de Gastroenterología de La Habana.
Otros —como mi querida amiga Luisa Rodríguez, una de las más inteligentes de la clase y, desde un principio, una apasionada defensora de la revolución—, con el tiempo, perdieron las ilusiones. Luego de una larga carrera como abogada y profesora universitaria, finalmente pidió asilo político en España, en 1994.
Por último, estamos los que, cuando el nuevo gobierno comenzó a implementar sus políticas socialistas y se convirtió en un monstruo comunista, desilusionados, elegimos el exilio para cumplir nuestros sueños.
Hoy, mientras celebramos nuestra amistad y los logros alcanzados, las diferencias políticas quedan en el olvido. A juzgar por la enorme membresía de la asociación de ex alumnos y la alta concurrencia a sus eventos anuales, queda claro que muchos de nosotros —habiendo abrazado las posibilidades que nos ofrecieron nuestros países adoptivos— seguimos aferrados a nuestras raíces. “Formamos una gran familia cuyos integrantes se aman unos a otros, y se interesan por sus pares; juntos, celebramos nuestros logros —señala la vicepresidente de la asociación de ex alumnos, Lilia Ana Rodríguez—. La nostalgia por lo que teníamos cuando éramos niños es lo que nos mantiene unidos a lo largo de los años. Es lo que nos determina a mantener vivas nuestras tradiciones.”
Al terminar el día, no hay un ojo que no haya derramado lágrimas. Me voy, asiendo firmemente mi diploma en una mano, las direcciones de correo electrónico de mis compañeros de clase en la otra, e, incrustada en mi corazón, la belleza e inspiración de una reunión sin igual: tuvimos un instante en el tiempo que ayudó a definir nuestras vidas y cómo hemos luchado nuestras batallas. Hoy, resulta evidente que, sin importar adónde hayamos ido y lo que hayamos hecho, seguimos siendo la única promoción de 1958 del Instituto Edison.
Otras asociaciones de ex alumnos de escuelas cubanas en Estados Unidos:
Academia Baldor Presidente: Magdalena Ortega 305-238-7480 Vicepresidente: Sarah María Sanguily 305-667-0570
Colegio Maristas Sitio Web: maristascuba.org Correo electrónico: maristas@maristascuba.org
Escuela Inmaculata-La Salle Sitio Web: ilhsalumni.com Correos electrónicos: info@ilhsalumni.com reunion@ilhsalumni.com
Colegio de Belén Sitio Web: belenjesuit.org Correo electrónico: alumni@belenjesuit.org
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