Jeanie Cronin sabe lo que es sentirse fuera de su ámbito. A los 9 años de edad, llegó a Estados Unidos, de Nicaragua. “Recuerdo las dificultades que tenían las personas de otros países —comenta—. Estaba la barrera idiomática y las diferencias culturales.”
Cronin ha traducido esa experiencia en una vida de trabajo en favor de otros inmigrantes. Durante los últimos 20 años, ella los ha ayudado, asistiendo a hispanos que no hablan inglés en centros de detención, actuando como intérprete de mujeres abusadas, apoyando a mujeres latinas sin techo y, en la actualidad, ejerciendo, voluntariamente, la presidencia del Centro Hispano de Frederick, una organización sin fines de lucro que ayuda a los inmigrantes con educación, información y varios recursos.
Eso, además de su trabajo diurno en un pequeño colegio de Maryland, donde Cronin, de 58 años, coordina servicios docentes. “Puede que me sienta cansada de mi trabajo a tiempo completo, pero me llena y energiza ver lo entusiasmados que están los inmigrantes por aprender”, dice Cronin.
Dos veces por semana, los estudiantes, muchos de los cuales son de El Salvador, toman clases dictadas por voluntarios en el centro comunitario. Además de esforzarse por lograr un buen nivel de inglés, aprenden a completar solicitudes de trabajo y otras tareas que “los ayudarán a ser autosuficientes, como nosotros —señala Cronin—. Sólo necesitan las herramientas para mejorar sus vidas”.
Sam Cron también se ha dedicado a asistir a los inmigrantes a través de su trabajo voluntario en Goodwill Industries, en Boston. Mientras trabajaba como director de recursos humanos en Stop & Shop, la gigantesca cadena de supermercados, Cron también asesoró a Goodwill en sus programas de capacitación y desarrollo laboral. Después de jubilarse, Cron decidió continuar ayudando a los inmigrantes con dificultades. También convenció a Stop & Shop para que donara una auténtica caja registradora para que los potenciales empleados pudieran prepararse para “el trabajo real”.
Las personas con las que se reúne Cron en Goodwill, la mayoría de ellas de entre 18 y 28 años de edad, no tienen empleo, pero están ansiosas por trabajar, y trabajar duro. Él puede reunirse individualmente con los inmigrantes, muchos de los cuales son dominicanos y caboverdianos, evaluándolos para asegurarse de que sean los indicados para el puesto y capacitándolos para preparar sus currículum, elegir el atuendo adecuado para el trabajo y desarrollar habilidades para expresarse convenientemente, ya sea durante las entrevistas de trabajo como en general. Cron, de 66 años, no quiere que a los candidatos se les ofrezcan empleos que no puedan manejar, sólo para ser despedidos más adelante. Sabe que eso destruiría su confianza, por lo que se asegura de que sus destrezas encajen perfectamente con el puesto.
A Cron se le ocurrió una ingeniosa idea: decidió llevar a empleadores que tenían negocios ubicados en los vecindarios de los inmigrantes y que precisaban personal, directamente a los potenciales trabajadores, en Goodwill. Las empresas minoristas también asisten a las ferias de trabajo, fundamentalmente Stop & Shop, porque tienen muchas tiendas, pero también lo hacen Staples, CVS, T.J. Maxx y otras. “Si pueden ir caminando al trabajo, es más probable que vayan a trabajar todos los días que si tuvieran que tomar algún medio de transporte público —razona Cron—. Hemos tenido un tremendo éxito con estos muchachos.”
Recuerda a una joven mujer de Cabo Verde, que tenía serios problemas de aprendizaje y era difícil de ubicar. El único empleo que pudo encontrar fue en la cafetería de Goodwill. “Hablé con ella y supe que era excelente cocinando, que era lo que hacía en Goodwill”, cuenta Cron. Él también sabía que Stop & Shop tenía, en el vecindario de esta joven, una tienda en la que funcionaba un restaurante donde ella podría aplicar sus habilidades culinarias. “Vi su capacidad, arreglé una entrevista con el supermercado y ella obtuvo el empleo —recuerda Cron—. Ahora, ella trabaja allí, recibe beneficios y todos en la tienda la adoran.”
Sus esfuerzos como voluntario “son tan animadores —afirma Cron—. No podría sentirme mejor. ¡Le cambié la vida a alguien!” Es por eso que no le importa manejar una hora hasta Boston, desde los suburbios, una o dos veces por semana. Cron siente una afinidad especial con los hombres y mujeres que ayuda a ubicar. “Provengo de inmigrantes —explica—. Mi madre es una inmigrante polaca, al igual que toda mi familia materna, así que es importante para mí hacer lo que estoy haciendo, pues me permite retribuir.” Además, Cron creció en los mismos vecindarios de Boston en los que hoy viven los inmigrantes. Ha cerrado el ciclo.
“He tenido una carrera extraordinaria y una vida maravillosa. Es verdaderamente importante darles a los inmigrantes las herramientas necesarias para que puedan prosperar y hacer algo de sus vidas. Es un grupo que realmente lo necesita”, asegura.