“Estábamos hartos de que nos humillaran —escribió Rivera en The Question of Equality: Lesbian and Gay Politics in America Since Stonewall— y las cosas simplemente comenzaron a suceder." De hecho, una de las citas más famosas de los disturbios de Stonewall se le atribuye a Rivera: “No me quiero perder ni un instante de esto. ¡Es la revolución!”
En los años subsiguientes, Rivera influyó en la formación del Gay Liberation Front y la Gay Activist Alliance, y se mantuvo involucrada en el activismo juvenil puertorriqueño y afronorteamericano durante toda su vida. Pero a medida que los movimientos por los derechos de los homosexuales buscaron mayor aceptación y comenzaron a distanciarse de los asuntos de los transexuales y otros temas importantes para Rivera, se sintió rechazada. “Cuando las cosas comenzaron a establecerse más —señala Rivera en una entrevista de Village Voice, del año 1995—, fue como si dijeran: ‘Ya no te necesitamos más.’”
El movimiento finalmente redescubrió a Rivera, otorgándole un lugar de honor en la marcha del orgullo gay de la ciudad de Nueva York, que marcó el 25to aniversario de Stonewall, en 1984.
“El movimiento me había dejado de lado, como en un estante, pero me bajaron y me desempolvaron —le comentó Rivera al New York Times en 1995—. Aún así fue bello. Caminé por la calle 58 y los jóvenes me llamaban desde la vereda: ‘Sylvia, Sylvia, gracias, sabemos lo que hiciste.’ Después de eso, volví al estante", señaló Rivera.
Hoy, cada vez que se recuerdan los disturbios de Stonewall, Sylvia, que murió en 2002, baja de ese estante y ocupa un lugar de honor en la celebración.