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Richard Carmona, su medico de cabecera
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Foto: Cortesía de HHS

Richard Carmona, su médico de cabecera
POR Sergio Serrichio

El Cirujano general habla sobre la epidemia de obesidad en los Estados Unidos

“Es maravilloso comenzar a los cincuenta años. Es maravilloso comenzar a los sesenta. Nunca es tarde para comenzar a mejorar la salud”, dice el Cirujano general de los Estados Unidos, Richard Henry Carmona, con la convicción de quien es curtido en dificultades, logros y desafíos.

Nacido y criado hace 53 años en el Harlem hispano de Nueva York, este estadounidense de sangre portorriqueña y aspecto afable y vigoroso fue nombrado por el presidente George W. Bush en agosto de 2002 para ser el médico de cabecera de una nación en alerta.

“Rich Carmona”, dice con una sonrisa amplia mientras extiende la mano a AARP Segunda Juventud al finalizar una presentación en la Convención anual de Tricare, el sistema de cobertura de salud de las Fuerzas armadas de los Estados Unidos.

“Nunca antes en la historia la salud pública y la defensa de la nación estuvieron tan relacionadas como ahora”, había advertido minutos antes el Cirujano general a centenares de hombres y mujeres de uniforme atentos a las palabras de quien tiene una foja de servicios ejemplar. Carmona, condecorado con la medalla al valor en combate, pasó la mayor parte de su carrera preparándose para una situación así.

‘[Abuelita María] fue una persona muy importante en mi vida y la matriarca de la familia’

En Vietnam fue técnico en medicina para el ejército. Aquí, en los Estados Unidos ha sido funcionario de salud pública, director de un sistema regional de unidades de trauma y director ejecutivo de un hospital de condado. Asimismo, sirvió como funcionario en la oficina del comisario de un condado, como cirujano y también como líder del equipo de armas y tácticas especiales (S.W.A.T, por sus siglas en inglés), experto en afrontar los efectos del uso de armas de destrucción masiva.

Como Cirujano general, Carmona tiene a su cargo guiar al país en tres materias: Prevención (“todo lo que una persona puede hacer para mejorar su salud y la de su familia”); Preparación (“preparar a la población para afrontar emergencias—trabajando con líderes en los niveles nacional, estatal y local y con proveedores de cuidado de la salud—a fin de garantizar, un sistema de respuesta médica y de salud pública, seguro y fuerte”) y “cerrar la brecha de salud entre las minorías y el resto de la población”.

Para esta última prioridad, su preocupación es encontrar un mensaje “culturalmente adecuado”, que tenga eco en las costumbres y tradiciones hispanas y movilice a los hispanos a mejorar la salud de niños, adolescentes, adultos y personas mayores.

Un desafío mayúsculo es detener la “epidemia de obesidad”. “En los Estados Unidos, casi dos de cada tres habitantes tiene exceso de peso y uno de cada tres es obeso. La proporción de adolescentes con exceso de peso es del 15 por ciento”, dice Carmona. “Y el crecimiento de la epidemia es asombroso”, alerta. “Por ejemplo, la proporción de adolescentes obesos se ha triplicado desde 1980, lo cual significa nueve millones de jóvenes y hay millones más en riesgo”.

Las cifras son aun peores en la población hispana. En el grupo de niños y adolescentes de ascendencia mexicana, existe un porcentaje muy alto de niñas con sobrepeso y aún mayor es el de los niños.

Entre los adultos, el exceso de peso está asociado a enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo-2, alta presión (hipertensión) e infartos cerebrales. “Pero”, alienta Carmona, “hay mucha gente mayor que cuando empieza a hacer algo de ejercicio y a observar una dieta saludable, logra adelgazar y disminuir la presión alta”.

Mejor aun es prevenir y liderar con el ejemplo. “Podemos pasarnos la vida tratando de que nuestros hijos nos escuchen, pero lo que nunca dejarán de hacer es de imitarnos”, dice Carmona, parafraseando al escritor James Baldwin. “Eso”, insiste, “es especialmente cierto en la población hispana, donde la abuela o el abuelo suele tener un papel preeminente en la familia”.

Hay allí una lección de vida. La abuelita María, de quién Carmona habla con devoción, fue luz e inspiración en su vida. “Fue una persona muy importante en mi vida, la matriarca de la familia, como ocurre en muchas familias hispanas. A pesar de haber sido una mujer de proporciones pequeñas, tenía una gran fuerza de voluntad y grandes convicciones. Consideraba a este país como una tierra llena de oportunidades. Por eso trajo a su familia a vivir aquí, quería que todos sus hijos tuvieran mejores oportunidades”.

Es así como, quien ahora es el Cirujano general de los Estados Unidos, nació en el Harlem hispano. Al igual que sus hermanos, no terminó la escuela secundaria.

Un día, un antiguo vecino del barrio, Sal, pasó por la casa de los Carmona para visitarlos. “Llevaba uniforme, porque había servido en el Ejército. Comenzamos a hablar y me aconsejó que terminara los estudios”, recuerda Carmona.

“¿No es muy tarde?”, preguntó el ahora Cirujano general, que entonces tenía sólo 17 años pero hacía varios había dejado la escuela y, como muchos de sus amigos, se dedicaba “a vivir día a día, a sobrevivir”. Sal lo envió entonces a un amigo suyo, un reclutador del Ejército.

Dos años después, el joven Carmona vio, por primera vez, morir a un camarada en combate, sufrió su primera herida en acción bélica y ayudó a dar a luz a un par de niños, los primeros de muchos que llegarían al mundo de sus manos. “En un año maduré una década”, dice Carmona al referirse a la experiencia vivida aquel día en Vietnam, donde inició su carrera en medicina como miembro de un grupo de fuerzas especiales.

“Haberme alistado fue la mejor decisión de mi vida. El ejército me dio mi primer trabajo y por primera vez fui responsable de algo”, afirma Carmona, aún hoy. Sin embargo, al regreso de Vietnam, una frase de abuelita María aun resonaba en sus oídos: “la educación los hará libres”. Carmona dejó la carrera militar para retomar sus estudios. Asistió a la escuela universitaria del Bronx y luego a la Universidad de California en San Francisco, de la cual se graduó en medicina, con las mayores distinciones, en 1979.

Y siguió. En 1998, cercano a los cincuenta años, Carmona terminó una Maestría en salud pública en la Universidad de Arizona, en la que más tarde fue profesor de cirugía, salud pública y medicina comunitaria y de familia.

Y aún sigue. Cuando el Cirujano general dice “Nunca es tarde”, no necesita explicar nada más, pues su vida es un ejemplo.

Además, entérese qué opina el Cirujano general sobre la “catástrofe de salud” en los Estados Unidos: La epidemia de la obesidad

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