Ruebén Martínez: Barbero y amante de la literatura
Ganador del premio MacArthur en 2004
Por Ana Figueroa
abril/mayo 2005
Cuando era niño, a Ruebén Martínez le encantaba perderse en los libros —tremendo reto en su ciudad natal de Miami, Arizona, donde no había biblioteca—. Afortunadamente, dos maestros del pequeño pueblo minero le prestaban libros regularmente.
“Mi mamá siempre quería que dejara los libros y me pusiera a limpiar el patio. De modo que me escondía en el excusado y leía allí, donde nadie me podía molestar”, afirma riéndose Martínez, de 64 años de edad e hijo de inmigrantes mexicanos. Años más tarde, Martínez era el que prestaba sus libros, y lo hacía en otro lugar insólito: su barbería.
Tras mudarse a Santa Ana, California, fundar una familia y trabajar en varias fábricas, Martínez abrió su propia barbería en la década de los años 70. Para esparcir su amor por la literatura, prestaba libros a sus clientes, muchos de los cuales nunca recuperaba. De ese modo, abrió la Librería Martínez Books and Art Gallery dentro de la barbería. Posteriormente, la librería absorbió el negocio de la barbería, y, en 1999, se mudó al local que actualmente posee en Santa Ana, el cual cuenta con un área de barbería. En la actualidad, la librería cuenta con una de las colecciones de libros en español más grandes del país, con tiendas en Santa Ana y Lynwood, California. El local de Santa Ana tiene anexada una tienda de libros infantiles.
| Sus librerías se han transformado en centros de encuentros comunitarios, celebraciones culturales, ferias de libros y ceremonias en las que prominentes autores autografían libros para los clientes |
Recientemente, Víctor Román hizo un viaje de una hora hasta la Librería Martínez, desde su casa en Rancho Santa Margarita, California. “Definitivamente, el viaje valió la pena”, afirma.
“Tengo tres hijos —una niña de 13 años y un par de gemelos de 11—. Para mí es importante que ellos tengan todos los libros que necesitan para la escuela”, afirma Román, también oriundo de México. “Me gusta la Librería porque todos son amistosos y hablan español. No hay nada como ese lugar en ninguna parte del sur de California, que yo sepa”.
Salió de la tienda con un diccionario inglés-español para uno de sus hijos, y afirmó que regresará para comprar libros que sus hijos puedan leer en casa después de la jornada escolar. Román destaca: “No he conocido al dueño, el Sr. Martínez, pero creo que es una persona maravillosa [porque le proporciona a los padres] un lugar donde pueden encontrar lo que necesitan para sus hijos”.
Sin embargo, la venta de libros es sólo una de las facetas de la misión de Martínez. También ha iniciado una “revolución de lectura” que lo lleva por todo el país para compartir, con los estudiantes, la importancia de este hábito. Así, sus librerías se han transformado en centros de encuentros comunitarios, celebraciones culturales, ferias de libros y ceremonias en las que prominentes autores autografían libros para los clientes. Sus incansables esfuerzos lo han convertido en una celebridad local en las zonas predominantemente hispanas donde están ubicadas las tiendas.
La atención nacional y la inesperada buena fortuna llegaron en el año 2004, cuando la Fundación John D. and Catherine T. MacArthur nombró a Martínez MacArthur Fellow, un prestigioso honor que conlleva un premio de 500.000 dólares en efectivo.
“La esencia del proceso de premiación MacArthur es la celebración de los individuos creativos de la sociedad estadounidense”, afirma Ray Boyer, vocero de la fundación. “Nuestra intención es que, con el premio, ellos puedan continuar desarrollando el trabajo que elijan. Todos los ganadores de nuestra organización son individuos que, a nuestro juicio, reflejan esas cualidades”.
Martínez, por su parte, afirma que “el premio MacArthur hizo que la gente se diera cuenta de la seriedad de nuestro trabajo. Comenzamos con dos libros, después 10, después 25. Poco a poco, hemos vendido más de dos millones de libros. Eso es lo que pasa cuando uno se atreve a soñar”.
| ‘Los latinos no sólo están leyendo, sino que también están escribiendo libros muy buenos. Se deberían publicar muchas más de nuestras obras’ |
Mientras camina por los pasillos de la librería en Santa Ana, cuya fachada es de cristal, arregla las filas de libros biográficos, bestsellers, clásicos, libros de viajes o sobre superación personal, tarjetas y pequeñas obras de arte. “Los latinos somos gente que gusta de la lectura; sólo que no sabemos dónde comprar los libros. Nuestras tiendas han demostrado que es posible tener un negocio exitoso de venta de libros en un barrio latino de bajos ingresos”, agrega Martínez.
Se detiene en una fila de libros de pasta blanda. “Tenemos los mejores libros que cualquiera puede tener en casa. Tenemos libros escritos por autores afro americanos, judíos, chinos, coreanos y camboyanos. Queremos que los niños mexicanos sepan sobre otras culturas. El siglo XXI es el siglo de los idiomas y las culturas”.
En su oficina dentro de la librería, un sofá usado ocupa parte del espacio junto a un sillón de barbero. “Algunos de mis antiguos clientes todavía me convencen para que les corte el cabello, de vez en cuando”, afirma Martínez.
Las paredes, el piso y el mostrador están llenos de placas, premios y conmemoraciones por sus esfuerzos tendientes a fomentar el hábito de la lectura. Pero el honor que más lo enorgullece es su premio por haber tenido asistencia perfecta en quinto grado. “Seguí en la escuela por el amor que siento por los libros”, explica.
Martínez está decidido a inculcar ese amor a otros jóvenes latinos. “Les digo a los padres que compren libros o que simplemente vayan a la biblioteca y los obtengan allí. Deben hacer que los libros sean algo muy importante en sus casas. Ponga un libro debajo de la almohada del niño de modo que, cuando se despierte, pueda leer. O léale en voz alta antes de dormir”.
Aunque ya es bisabuelo, Martínez tiene la energía y exuberancia de un hombre de la mitad de su edad. “Si hubiera permanecido en mis trabajos en las fábricas, ahora estaría viviendo un retiro cómodo. Pero opté por luchar por mis propios medios como barbero. Ahora, con las librerías estaré trabajando durante el resto de mi vida”. Y agrega: “Mis hijos piensan que estoy loco”.
La expresión de su cara se aviva cuando habla sobre sus planes de expansión. “Esperamos abrir otras 50 nuevas tiendas en todo el país para el año 2012”, destaca. Ha conversado con inversionistas potenciales, profesores, autores famosos y publicistas de Nueva York. “Si uno hace buenas cosas, todos te quieren ayudar”, dice.
Y tiene un mensaje para la élite literaria: “Los latinos no sólo están leyendo, sino que también están escribiendo libros muy buenos. Se deberían publicar muchas más de nuestras obras. Los libros en español se convertirán, en los próximos 25 años, en un negocio cada vez más y más grande”.
Sin duda, Martínez se asegurará de ello.
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