AARP Segunda Juventud - La publicación hispana de mayor relevancia para las personas de 50 años o más
Bienvenidoenglishespañol
Home
games
cocina
presence
rx drugs
seguro social
trends
health
Finance
travel
deportes
entertainment
contact us
AARP Segunda Juventud Servicios de lector’a
AARP en español
AARP Puerto Rico

 

PUBLICIDAD

 


Jorge Muñoz, su madre Doris Zapata y su hermana Luz Muñoz
Photo: Gina LeVay/Redux 

La labor de los ángeles
Los inmigrantes colombianos Jorge Muñoz, su madre, Doris Zapata, y su hermana, Luz, han distribuido más de 70.000 comidas caseras a neoyorquinos desempleados durante los últimos cinco años. Están realizando la labor de los ángeles, aseguran los beneficiarios.

Por Elizabeth Llorente
octubre 2009

Los Amigos llaman a la acción, con panqueques, pasión y paciencia
(octubre 2009)

Sandra Ramos:
Les da fuerza a sus hermanas
(octubre 2009)

Haga el bien, siéntase mejor 
(octubre 2009)

Compartir es Vivir

Más en Presencia

Son las 9 de la noche de un domingo cuando Alejandro Juarez se encamina hacia la esquina de la Calle 73 y la Avenida Roosevelt en la sección Jackson Heights de Queens, Nueva York. Allí, el inmigrante mexicano encuentra a otros pares jornaleros como él, decenas de ellos, quienes cada vez con más frecuencia andan sin trabajo y, en consecuencia, sin el dinero para comprar alimentos. Por lo tanto, todas las noches se reúnen en esta esquina en busca de una de las pocas cosas con las que siempre pueden contar: una comida caliente que les entrega Jorge Muñoz.

 

Durante el día, Muñoz, originario de Colombia, conduce un ómnibus escolar. Por la noche, estos trabajadores le dirán que realiza la tarea de un ángel.

 

Durante cinco años, Muñoz, de 45 años de edad, les ha traído a los hombres alimento los siete días de la semana. Son comidas que preparaban su madre y su hermana, y que ahora se realizan con la ayuda de otras personas.

 

“Se puede pasar un día o más sin comer si nadie te contrata, y esto ha estado sucediendo cada vez más a los trabajadores como nosotros en esta economía”, indica Juarez, de 38 años de edad, mientras Muñoz distribuye recipientes desechables llenos de la comida de esa noche —arroz, lentejas y salchichas— a una larga fila de hombres. “Lo que hace es una bendición, ya que al menos sé que no dormiré con hambre.”

 

PRESIONE PARA VER LA GALERÍA
ÁNGELES EN QUEENS

Muñoz ha recibido atención nacional por su buena obra. Este año, fue presentado en el segmento semanal “Héroes” de la CNN, el cual hace una selección de nominaciones mundiales para honrar a “personas comunes que están realizando actividades extraordinarias” para ayudar a los demás. Muy poco después, los Knickerbockers de Nueva York honraron a Muñoz durante un descanso en un juego en el Madison Square Garden con su premio mensual Sweetwater Clifton City Spirit Award, que le otorgó un cheque de $2.000 para su misión sin fines de lucro, apropiadamente llamada An Angel in Queens. Y en agosto, Muñoz apareció en Good Morning America de la cadena ABC, que también realizó una contribución a la organización.

 

“Dios nos otorga a todos una misión —comenta Muñoz—. Depende de nosotros aceptarla o no. Esta es la misión de Dios para mí, alimentar a estas personas. Ver la imagen de sus rostros, las sonrisas cuando les pongo un plato de comida en sus manos genera una gran sensación.”

 

¿Le interesa ayudar a An Angel in Queens? Para obtener mayor información, visite www.anangelinqueens.org.

 

Descubra otras formas de devolver a su comunidad en
www.compartiresvivir.org

Muñoz calcula que ha servido más de 70.000 comidas desde 2004, cuando algunos amigos colombianos que trabajaban en restaurantes y negocios gastronómicos le contaron, perplejos, la cantidad de comida que veían que sus empleadores tiraban a diario. Coincidentemente, Muñoz se detuvo un día para conversar con algunos trabajadores —entre ellos, compatriotas de su tierra— y se enteró de que algunos con frecuencia pasaban hambre. Pensó que lo mínimo que podía hacer, a pesar de que él mismo luchaba para sobrevivir con su salario de $600 semanales en una ciudad cara, era distribuir de algún modo las sobras de comida para que llegaran a los trabajadores.

 

“Hablé con algunos de los dueños de los negocios y con empleados para ver si me darían la comida en lugar de tirarla”, cuenta. “Estuvieron de acuerdo, en la medida en que se pudieran mantener en el anonimato.”

 

Al principio, traía alrededor de una docena de bolsas de papel con bocaditos y algo de tomar para los inmigrantes que se reunían en la esquina esperando a que un contratista les diera uno o más días de trabajo. Pero la multitud que comenzó a reunirse en espera de las comidas de Muñoz aumentó de una docena a dos docenas, y ahora, muchas noches alcanza unas 130.

 

"Esta es la misión de Dios para mí, alimentar a estas personas. Ver la imagen de sus rostros, las sonrisas cuando les pongo un plato de comida en sus manos genera una gran sensación.”
—Jorge Muñoz
Por supuesto, indica Muñoz, las bolsas de comida donadas no eran suficientes. Él, su madre, Doris Zapata, y su hermana, Luz, se unieron para proporcionar a los inmigrantes comida caliente todas las noches. Después del trabajo, aproximadamente a las 5 de la tarde, Muñoz compraba los ingredientes y recolectaba las donaciones de alimentos. Zapata y Luz, quienes vivían con Muñoz en un departamento en Queens, cocinaban. Y luego, Muñoz repartía las comidas.

 

El departamento de Muñoz se ha convertido en un almacén. Los alimentos donados y los comprados al por mayor ocupan un espacio considerable y los congeladores y refrigeradores adicionales conservan los artículos perecederos. Las donaciones, tanto monetarias como de alimentos, tienen altibajos, comenta Muñoz, lo cual a veces dificulta la continuidad, pero nunca la hace imposible. A menudo, Muñoz ha utilizado la mitad de su salario semanal para cubrir los gastos del gas, los ingredientes, el material de embalaje y los implementos para servir que son necesarios.

 

“Luego de que CNN hiciera el segmento sobre mi actividad, hubo una lluvia de donaciones —indica—. Pero eso se terminó. Luego consigues más y de nuevo se detiene. No cuento con un flujo constante.” Muñoz, sin embargo, se focaliza en la ayuda que recibe y habla de ella con alegría.

 

Menciona a los ex jornaleros que han hallado un trabajo fijo y ahora colaboran en la preparación y distribución de las comidas en la esquina en la que alguna vez se pararon y esperaron a Muñoz.

 

“Yo era como ellos —recuerda Fausto Castillo, un inmigrante mexicano de 23 años de edad, mientras ayuda a Muñoz a distribuir té helado y comidas—. Me despidieron el invierno pasado, no podía pagar el alquiler y estuve en la calle, sin hogar, aproximadamente una semana. Escuché acerca de él, que podías venir y comer. Me ayudó a encontrar trabajo, ahora estoy bien [económicamente] y quiero ayudar; también ayudo a veces con la cocina, porque conozco el sufrimiento, la desesperación.”

 

Dos parejas casadas también ayudan al menos una vez a la semana. Una de las parejas, Davida y Joel Weber, prepara pollo para aproximadamente 70 personas cada jueves. Davida, de 66 años de edad, cocina el pollo y Joel, también de 66 años, ayuda a Muñoz a distribuir los alimentos en la esquina. Al principio, pensaron en donar dinero, hasta que —comenta Davida Weber— se detuvo en la esquina un día y vio el hambre como nunca antes había visto o sentido.

 

“La intensidad de la necesidad que vi me impulsó a regresar con alimentos —comenta Davida, maestra de escuela secundaria jubilada—. Jorge es muy apasionado en lo que hace por esos hombres. Es muy generoso y muy humilde. Interactúa con ellos, a veces bromeando al servirles la comida. Tiene tantas cualidades que admiramos.”

 

Otra pareja le preguntó a Muñoz qué sería lo que más le gustaría que donaran. Les dijo que le gustaría aliviar la pesada carga de la cocina diaria a su madre, que tiene 68 años de edad y lucha contra la artritis y la osteoporosis. Entonces, la pareja contrató a una señora que, en la actualidad, prepara la mayor parte de la comida. Zapata aún colabora, supervisa la preparación y planifica los menús semanales.

 

“Mi madre es mi inspiración —comenta Muñoz—. Siempre nos ha inculcado que compartamos, aun cuando teníamos un solo juguete, un solo trozo de pan. Nos decía que si teníamos algo, lo compartiéramos con alguien que no tuviera nada.”

 

Zapata, que se fue de Colombia en los años 80 en busca de una vida mejor para sus hijos luego de enviudar, se emociona al escuchar a su hijo describir la influencia que ella ejerció en él. “Estoy muy orgullosa de mi hijo —comenta Zapata—. Siempre he compartido todo. Internamente, no me siento la única propietaria de nada. Hoy son esas pobres personas de la esquina las que tienen necesidades. Mañana, puede ser cualquiera de nosotros.”


Estos enlaces son provistos solamente como fuentes de información. AARP no respalda, no tiene control y no se responsabiliza por estos sitios de enlace o por el contenido, publicidad, materiales, productos y/o servicios ofrecidos a través de sus páginas.

volver al comienzo


 
 





Conozca al embajador


Jorge Ramos

¡Reporte el fraude! Ayude a  AARP a monitorear los seminarios sobre inversiones.  
más »

Prepárese para cuidar a sus seres queridos: Una guía de planificación  cortesía de AARP Foundation.
más »


AARP está reuniendo a particulares, políticos y líderes de empresas para lograr un cambio social positivo.
más »



Inscríbase

Inscríbase gratis al Boletín mensual de AARP Segunda Juventud.org

 
PUBLICIDAD


www.aarp.org | contáctenos | política de privacidad
copyright 2009, AARP. Todos los derechos reservados.